Un niño de Sofía
Nací en octubre de 1992 en Sofía. Eran años duros en Bulgaria, de esos en los que muchas familias tuvieron que elegir entre quedarse o buscar algo mejor fuera. Mis padres decidieron marcharse a otro país para abrir camino, y yo me quedé con mis abuelos.
Hablaba con ellos una vez a la semana, por teléfono. Unos minutos que se pasaban volando. Entre llamada y llamada llegaban las cartas de mi madre desde Madrid, y yo las leía una y otra vez, intentando imaginar cómo era aquella ciudad donde ellos estaban construyendo nuestro futuro.
De aquellos años me quedó el idioma, el carácter y una forma de entender la familia: aunque estés lejos, sigues estando.